En el Perú solo dos cafés tienen denominación de origen, el sello que reconoce que la calidad de un producto se debe al lugar donde nace y a la gente que lo trabaja. Uno es Machu Picchu–Huadquiña, en Santa Teresa (Cusco). El otro es Villa Rica, un distrito de la provincia de Oxapampa, en Pasco, en plena Selva Central.
Tres culturas en un mismo valle
La historia del café de Villa Rica junta a tres pueblos. Los yaneshas, el pueblo indígena amazónico de la zona. Los colonos austriacos y alemanes, que llegaron hace cerca de un siglo a Oxapampa y Pozuzo y se extendieron por el valle. Y los migrantes andinos, de Andahuaylas, Huancayo o Cajamarca, que llegaron después y hoy son buena parte de los productores.
Según Gestión, alrededor del 90 % de la economía local depende del café. El pueblo vive también del turismo de fincas, sobre todo en Semana Santa, cuando llegan visitantes a recorrer cafetales y catar en las cafeterías del distrito.
Qué protege la denominación de origen
De la ley al primer saco con sello
Indecopi declara la denominación de origen Café Villa Rica, para el grano verde de Coffea arabica del distrito.
Empieza a funcionar el Consejo Regulador, que autoriza el uso del sello.
Se otorga la primera autorización de uso a un productor.
Primera exportación con sello: 49 sacos, 3.381 kilos, a Argentina.
Envíos a Estados Unidos y Europa.
La denominación no protege una marca, sino un origen. Solo puede llamarse Café Villa Rica el arábica verde producido dentro del distrito que cumple las condiciones del reglamento. Indecopi la justificó por tres factores: el humano, por el saber de esas tres culturas; el climático, que incluye el manejo de la sombra con pino y pacae; y el de calidad, medido por el tamaño del grano y el puntaje de catación.
Cuánto suma al precio
El Consejo Regulador tiene 28 miembros que representan a unos 600 productores, según Gestión. El mismo medio recoge que el café con denominación de origen se paga entre US$ 60 y US$ 70 más por saco que el que no la tiene, y que la meta es llegar a US$ 100 de prima.
Interpretación nuestra: que pasaran 14 años entre la declaración y el primer embarque muestra la parte difícil de una denominación de origen. El sello no vende solo: hace falta un consejo que funcione, productores que cumplan el reglamento, controles de calidad y compradores que sepan qué significa. Villa Rica ya cruzó esa etapa, y eso la convierte en un modelo para otras zonas de la Selva Central.
Cómo reconocerlo
Un café que se vende como Villa Rica sin el sello del Consejo Regulador puede venir de la zona, pero no está certificado como denominación de origen. Si compras grano verde o tostado con ese nombre, pregunta por la autorización de uso y por el distrito exacto de la finca.
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